La lluvia concedió una vida extra a Rafa Nadal. El español, que estaba
muy cerca de despedirse de la final del US Open (dos sets abajo ante
Andy Murray), vivió en Nueva York la sensación contraria a la que le
hizo tambalearse en Wimbledon. En Londres, con dos parciales de ventaja
sobre Federer, el agua fue milagrosa para el suizo, aunque no tanto
como para evitar el triunfo final de Nadal. Esta vez la lluvia vino en
su ayuda para desesperación de un Murray al que pocas veces el agua ha
dejado tan frío.
Rafa
Nadal no suele hablar en balde, y menos para quejarse o llorar. Sin
embargo, antes del US Open se le oyó quejarse (otra vez) de la dureza
del calendario. Ocurre que su privilegiado físico solía desmentirle,
siempre, hasta este torneo, sobre todo hasta esta semifinal.
Antes
de la primera bola, Rafa se activó con un sprint en zig-zag hasta la
línea de fondo. Fue el único alarde físico del español en el primer
set. Pronto se vio que Rafa estaba vacío, sin fuerza en sus piernas,
esas que le permiten llegar a bolas imposibles o colocarse
correctamente en los simples intercambios. Pero, esta vez, siempre
llegaba tarde. Murray, que siempre quiso un partido rápido, con pocos
intercambios, se encontró ante un rival fallón, sin filo en el saque,
ni el resto, ni en la derecha. El primer set fue un paseo para el
británico, que rompió dos saques de Rafa sin apenas esfuerzo.
El
segundo fue otra historia, pero el cambio no es explicable desde un
punto de vista físico o técnico. En eso Rafa no mejoró, simplemente
porque no tenía nada más dentro. Pero su cabeza es otra cosa. También
puede estar cansada, pero ordenó a Rafa no rendirse. Le prohibió
manchar con una derrota humillante el mejor año de su vida. Pese a que
Murray amenazó con el break en varias ocasiones, Rafa se aferró con
fuerza a su saque y llevó el parcial hasta el tie-break. Y aguantó vivo
hasta que la cinta le privó de una pelota de set.
Un break a la primera
Con
dos mangas abajo, agotado, sin haber gozado de una sola pelota de
rotura en todo el partido, el tercer set parecía el camino al
degolladero para Nadal. Seguramente hasta Murray le dio por muerto,
porque se dejó romper el saque en el primer juego. Rafa consolidó el
break y respiró hondo, porque tenía ventaja, pero seguía sin vigor.
De
repente, el salvavidas. Aunque estaba prevista, la aparición de la
lluvia casi deja a Murray en el sitio. Sabe que pocas veces (quizá
nunca) tendrá a Rafa tan a su merced. Para el español, el agua que a
punto estuvo de dejarle sin Wimbledon es esta vez una segunda
oportunidad. Si es capaz de recuperarse físicamente, todo es aún
posible. Porque la cabeza la sigue teniendo en su sitio.
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